Una buena promo llena el local un martes flojo. Una mal pensada te hace trabajar el doble para ganar lo mismo. La diferencia casi nunca está en el porcentaje: está en a quién se lo das, hasta cuándo y si después sabés cuánto te costó.
Tres promos que funcionan en un local chico
Por temporada: un descuento en un producto o en toda una categoría con fecha de inicio y de fin ("15% en hamburguesas hasta el domingo"). Sirve para mover algo que querés vender más o para arrancar la semana.
Por medio de pago: "10% pagando en efectivo o transferencia". Te ahorrás la comisión del cobro electrónico, así que parte del descuento lo paga ese ahorro.
Por combo: el descuento aplica solo si el cliente elige el combo, por ejemplo la hamburguesa con papas y bebida. Así subís el ticket promedio en vez de solo bajar el precio.
Ponele fecha de fin a todo
Una promo sin fecha de fin deja de ser promo: se convierte en tu nuevo precio, y sacarla después se siente como una suba. Poné siempre un límite, aunque sea largo. Además, la fecha genera urgencia ("hasta el domingo") y te permite comparar: ¿vendiste más esa semana que la anterior?
Descuento no es lo mismo que ajuste de precios
Cuando suben los costos, lo que necesitás es un ajuste de precios: subir un porcentaje a toda la carta o a una categoría de una sola vez, sin tocar producto por producto. Eso es otra cosa, y conviene no mezclarlo con las promos. El ajuste cambia tu precio de lista; la promo es temporal y tiene fecha de fin.
Que la promo se aplique sola
Si en el mostrador alguien tiene que acordarse de la promo y hacer la cuenta, tarde o temprano se equivoca: se la olvida a un cliente o se la aplica a quien no correspondía. Lo ideal es cargarla una vez y que se aplique sola, tanto en el mostrador como en la carta online, donde el cliente ve el precio con el descuento antes de pedir.
Cerrá la caja sabiendo cuánto te costó
Una promo solo sirve si al final del día los números cierran. Por eso importa abrir la caja con un fondo conocido, registrar los movimientos que no son ventas (el pago al proveedor, un retiro) y cerrar con un arqueo: cuánto efectivo debería haber contra cuánto hay. Si además mirás cómo se repartieron las ventas entre efectivo, transferencia, tarjeta y Mercado Pago, vas a saber si tu promo de efectivo realmente movió la aguja.
Si un producto te deja un 30% de margen, un 10% de descuento se lleva un tercio de tu ganancia. Para que valga la pena, esa promo tiene que traerte bastantes más ventas. Si no, mejor apuntala con un combo.
En CapiMenu cargás descuentos por fecha, por medio de pago, por combo o para una categoría entera, y se aplican solos en el mostrador y en tu Carta QR. Al terminar el día, el cierre con arqueo te dice si la caja cierra. Para saber qué más mirar a esa hora, leé qué datos mirar al cerrar el día en un local gastronómico, y si querés que tus combos trabajen para vos, cómo ordenar combos, recetas y desperdicio.
Promos que se aplican solas
Probá CapiMenu gratis durante 15 días: armá tu Carta QR, tomá pedidos y cerrá la caja con arqueo sabiendo cuánto vendiste. Los descuentos se suman según tu plan.
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Puede convenir, porque te ahorrás la comisión del cobro electrónico y mejorás tu efectivo del día. La clave es que el descuento sea menor o parecido a lo que te ahorrás en comisión.
Porque una promo sin fin deja de ser promo y se convierte en tu nuevo precio. Además, la fecha límite genera urgencia y te permite medir si funcionó.
No. Un descuento es temporal y tiene fecha de fin; un ajuste de precios cambia el precio de lista, por ejemplo para acompañar la inflación. Conviene manejarlos por separado.
Sí. Los descuentos que cargás se aplican solos tanto en el mostrador como en la Carta QR, así el cliente ve el precio con la promo y nadie tiene que hacer la cuenta a mano.
Con un arqueo de caja: comparás el efectivo que debería haber (fondo inicial, ventas en efectivo, ingresos y egresos) con el que contás a mano. Si hay diferencia, la ves el mismo día.